El Niño también puede afectar la calidad del agua en las ciudades

Cuando se habla del fenómeno de El Niño, normalmente pensamos en sequías, embalses vacíos, incendios forestales y posibles racionamientos. Sin embargo, existe otro efecto menos visible: El Niño también puede modificar la calidad del agua que abastece a las ciudades.

El Ideam ha advertido que el fortalecimiento de las condiciones asociadas a El Niño puede provocar aumentos de temperatura, reducción de las lluvias y disminución de los caudales y niveles de los embalses, especialmente en regiones como la Andina, Caribe y Pacífica. Estas condiciones pueden afectar el abastecimiento de agua para consumo humano.

El problema no es solamente tener menos agua. También puede cambiar la calidad del agua disponible.

El Niño no contamina directamente el agua

Esta es la primera idea que debemos aclarar.

El Niño no introduce contaminantes en los ríos ni en los embalses. Lo que hace es cambiar las condiciones climáticas e hidrológicas: llueve menos, aumenta la temperatura, disminuyen los caudales y baja el volumen almacenado.

Esos cambios pueden alterar el agua cruda —el agua que todavía no ha sido potabilizada— que llega a las plantas de tratamiento.

En consecuencia, una planta puede tener que captar menos agua, pero enfrentarse a un agua más concentrada, más caliente o con una mayor actividad biológica.

El Niño no cambia la calidad el agua por sí mismo: modifica las condiciones en las que debe captarse, tratarse y distribuirse.

1. Menos caudal significa menos capacidad de dilución

Podemos imaginar un río como un gran recipiente por el que circulan continuamente agua, minerales naturales, materia orgánica, nutrientes, escorrentía agrícola y vertimientos previamente tratados.

Si la cantidad de estas sustancias se mantiene relativamente estable, pero el volumen de agua disminuye, algunas pueden encontrarse en mayores concentraciones.

Es parecido a disolver una cucharada de sal en una jarra o en un vaso: la cantidad de sal es la misma, pero su concentración no.

Durante periodos de bajo caudal pueden aumentar o adquirir mayor importancia la conductividad, las sales, los cloruros, los nutrientes, la materia orgánica, el amonio y determinados compuestos procedentes de las actividades desarrolladas en la cuenca. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos explica que los caudales bajos dejan menos agua disponible para diluir los vertimientos, lo que puede elevar la concentración de contaminantes en los ríos.

Esto no ocurre de la misma manera en todos los lugares. Depende del estado de la cuenca, de la calidad habitual del río y de las fuentes de contaminación presentes aguas arriba.

Cuando el río lleva menos agua, también tiene menos capacidad para diluir las sustancias que recibe.

2. El agua más caliente puede favorecer la proliferación de algas

Durante El Niño, el aumento de la temperatura y la reducción del volumen de algunos lagos y embalses pueden favorecer el crecimiento de algas y cianobacterias, especialmente cuando existe una elevada presencia de nutrientes como nitrógeno y fósforo.

Estas proliferaciones pueden provocar:

  • Sabores u olores terrosos.
  • Cambios de color.
  • Mayor cantidad de materia orgánica.
  • Más dificultad en los procesos de coagulación y filtración.
  • Mayor necesidad de carbón activado u otros tratamientos.
  • Presencia de cianotoxinas en determinados episodios.

La EPA señala que la combinación de temperaturas más altas, sequía y nutrientes puede incrementar las proliferaciones de algas y generar problemas de sabor, olor y tratamiento. Algunas cianobacterias pueden producir toxinas, aunque no todas las proliferaciones son tóxicas.

Por tanto, un olor extraño no demuestra por sí solo que el agua sea peligrosa. Sin embargo, un cambio repentino de olor, sabor o apariencia sí debe comunicarse a la empresa prestadora.

Más calor y menos agua pueden crear condiciones favorables para una mayor actividad biológica.

3. Los niveles bajos de los embalses pueden cambiar el agua que se capta

En algunos embalses, el calentamiento de la superficie puede formar dos capas: una superior más caliente y otra profunda más fría.

Cuando ambas capas dejan de mezclarse, el agua del fondo puede perder oxígeno. En esas condiciones, el hierro y el manganeso presentes naturalmente en los sedimentos pueden disolverse y pasar al agua.

Si la captación se encuentra cerca de esa zona profunda, la planta puede recibir agua con mayor presencia de estos elementos. La estratificación de los embalses se ha relacionado con bajos niveles de oxígeno y aumentos de hierro y manganeso disueltos.

Esto puede manifestarse posteriormente como:

  • Agua amarillenta.
  • Manchas rojizas, marrones o negras.
  • Sedimentos.
  • Sabor metálico.
  • Mayor dificultad para la oxidación y la filtración.

La presencia de color no significa automáticamente que exista un riesgo para la salud. Puede tratarse de un problema estético relacionado con hierro o manganeso. No obstante, debe investigarse su origen y comprobarse que el tratamiento funciona correctamente.

4. Puede ser necesario utilizar fuentes de agua diferentes

Cuando disminuye el nivel de un embalse o el caudal de un río, los operadores pueden verse obligados a cambiar la profundidad de captación, mezclar distintas fuentes, utilizar pozos o recurrir a fuentes que normalmente no son prioritarias.

Estas aguas pueden presentar características diferentes: más dureza, salinidad, hierro, manganeso, materia orgánica o minerales naturales.

En las zonas costeras o próximas a estuarios, un menor caudal fluvial también puede facilitar el avance de agua salobre hacia las captaciones. Esto puede elevar los cloruros y la conductividad y, en casos determinados, hacer necesarios tratamientos avanzados como la nanofiltración o la ósmosis inversa.

Cuando escasea la fuente habitual, no siempre es posible reemplazarla por otra de la misma calidad.

5. La planta de potabilización debe trabajar bajo condiciones más exigentes

Las plantas de tratamiento están preparadas para adaptar sus procesos a las variaciones del agua. Sin embargo, durante El Niño esas variaciones pueden ser más intensas o prolongadas.

Los operadores pueden tener que modificar:

  • La cantidad de coagulante.
  • El ajuste del pH y la alcalinidad.
  • La aplicación de carbón activado.
  • La frecuencia de lavado de los filtros.
  • La velocidad de filtración.
  • La dosis y el tiempo de contacto del desinfectante.

Una mayor cantidad de materia orgánica también puede aumentar la demanda de cloro y favorecer la formación de subproductos de la desinfección. Por eso, la solución no consiste simplemente en añadir más desinfectante, sino en retirar previamente la mayor cantidad posible de materia orgánica y optimizar todo el proceso.

Potabilizar no es aplicar una receta fija. El tratamiento debe ajustarse a la calidad del agua que entra cada día.

6. Los racionamientos pueden afectar la calidad dentro de la red

En los entornos urbanos, una parte importante del riesgo puede aparecer después de la planta de tratamiento.

Las redes de acueducto funcionan mejor cuando permanecen llenas y presurizadas. Cuando existe racionamiento o suministro intermitente, la presión disminuye y, al restablecerse el servicio, se producen cambios bruscos en la velocidad del agua.

Esto puede movilizar sedimentos, desprender materiales de corrosión o biopelículas y provocar cambios temporales de color.

Además, si existen fisuras, juntas defectuosas o tuberías deterioradas, una presión muy baja puede permitir la entrada de agua del terreno. La Organización Mundial de la Salud identifica el suministro intermitente y la baja presión como factores que pueden facilitar la entrada de contaminantes en las redes.

El agua puede salir correctamente de la planta y deteriorarse durante su recorrido si la red pierde presión o se encuentra en mal estado.

7. Los tanques domiciliarios también forman parte del sistema

Cuando hay racionamientos, las viviendas y edificios dependen durante más tiempo de sus tanques de almacenamiento.

Un tanque sin tapa, con grietas, sedimentos o largos periodos sin mantenimiento puede convertirse en un punto de recontaminación. Por eso, la seguridad del agua no termina en la planta ni en la tubería principal: también depende de las instalaciones internas del edificio.

En Colombia, el Decreto 1575 de 2007 establece que los usuarios deben mantener sus instalaciones de distribución y almacenamiento en condiciones sanitarias adecuadas y lavar y desinfectar los tanques, como mínimo, cada seis meses.

Un tanque sucio puede deteriorar en la vivienda un agua que llegó correctamente tratada desde el acueducto.

8. Los incendios y las primeras lluvias pueden generar cambios repentinos

Las altas temperaturas y la sequedad también aumentan el riesgo de incendios en las cuencas que abastecen a las ciudades.

Después de un incendio, las lluvias pueden arrastrar hacia ríos y embalses cenizas, sedimentos, nutrientes, materia orgánica, metales y otros compuestos acumulados en las zonas quemadas. La EPA reconoce que los incendios pueden deteriorar las fuentes de agua por el aumento de sedimentos y la movilización de nutrientes, metales y otros contaminantes.

Algo similar ocurre cuando llueve intensamente después de un periodo seco. El agua puede arrastrar de forma súbita el material acumulado en calles, suelos, alcantarillados y áreas agrícolas.

Como resultado, la turbidez y la materia orgánica pueden aumentar rápidamente y obligar a modificar temporalmente la captación o el tratamiento.

La cadena completa del riesgo

El proceso puede resumirse así:

El Niño → menos lluvias y más temperatura → menores caudales y niveles de embalses → mayor concentración de algunas sustancias y más actividad biológica → tratamiento más exigente → posibles racionamientos → pérdida de presión → mayor vulnerabilidad en las redes y tanques domiciliarios.

Esta cadena no significa que todos los problemas vayan a ocurrir ni que afecten por igual a todas las ciudades.

¿Significa que el agua deja de ser potable durante El Niño?

No necesariamente.

Una empresa de acueducto que cuenta con fuentes protegidas, suficiente capacidad de almacenamiento, tratamiento robusto, monitoreo continuo y una red bien presurizada puede mantener la calidad del agua dentro de los límites establecidos.

El riesgo aumenta cuando coinciden varias condiciones desfavorables: fuentes muy variables o contaminadas, niveles bajos de los embalses, plantas con poca capacidad de adaptación, redes antiguas, fugas, suministro intermitente o tanques domiciliarios sin mantenimiento.

La Organización Mundial de la Salud recomienda gestionar la seguridad del agua como un sistema completo, desde la cuenca y la fuente de abastecimiento hasta el consumidor final.

El Niño aumenta el desafío de producir y distribuir agua segura, pero no convierte automáticamente el agua potable en agua contaminada.

¿Qué podemos hacer en casa?

Durante periodos de sequía, racionamiento o cambios en el suministro, es recomendable consultar únicamente los avisos del prestador del servicio y de las autoridades sanitarias.

Si después de una interrupción el agua presenta un cambio repentino de color, olor, sabor o una cantidad inusual de sedimentos, debe informarse al acueducto y seguir sus indicaciones antes de utilizarla para beber o preparar alimentos.

También es fundamental mantener los tanques tapados, revisar que no existan grietas y realizar periódicamente su limpieza y desinfección.

Los sistemas domésticos de filtración actúan como una barrera complementaria y mejoran determinadas características del agua, pero no sustituyen la potabilización de las empresas prestadoras del servicio, el mantenimiento de los tanques ni las recomendaciones de las autoridades. Para seleccionar correctamente un filtro es necesario conocer la fuente de abastecimiento, el estado de las redes, la existencia de tanque y el problema específico que se busca tratar.

Conclusión

El fenómeno de El Niño suele analizarse como un problema de disponibilidad, pero sus efectos pueden ir mucho más allá.

Menores caudales, temperaturas elevadas, proliferaciones de algas, cambios en los embalses, incendios, racionamientos y pérdidas de presión pueden hacer más difícil garantizar la calidad del agua desde la fuente hasta la vivienda.

Cuidar el agua durante El Niño no significa únicamente consumir menos. También significa proteger las cuencas, vigilar las fuentes, adaptar los tratamientos, mantener las redes y conservar correctamente los tanques domiciliarios.

En Doctor Agua Colombia analizamos las características del agua de cada zona y las condiciones de la vivienda para recomendar soluciones de filtración acordes con cada necesidad.

Fuentes Consultadas

 
 
 

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